En este blog se trata de SEGUIR PESCANDO a través del texto para mantenernos conectados con la pesca. Y el de promover diferentes acciones o actitudes para que podamos SEGUIR PESCANDO a través del tiempo.
Aquí encontré la forma de agrupar y compartir algunos textos publicados en diferentes medios donde tomé participación, con el solo interés de difundir mis experiencias y opiniones.
Espero continuar agregando notas que puedan tener interés en los lectores que quieran SEGUIR PESCANDO.

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domingo, 16 de diciembre de 2012

AmoZonA – Pesca en Bolivia

¿Vas a Bolivia…. y que se pesca ahí???... realmente no suena como un destino de tanzas y anzuelos… ¿En la altura… y que sale en el Titicaca???.
Claro, muy poca gente repara que la cuenca amazónica boliviana ocupa más o menos un 60% del país, y acá se presta a la segunda pifia en simbolizar la Amazonía, cuando la mente chipea una rápida percepción ligada al Brasil… Estas pautas dan pistas a los intrusos pescadores que buscamos rarezas en el rumbo, y porque no con esa mística de jugar a pensarnos como pesquisidores de piezas preciosas.
De todas formas, tampoco estaban tan errados… para dar con ese origen debimos caer desde las frías alturas paceñas, y entrar a los cálidos bajos benianos camino a Rurrenabaque, como punto de acceso al Parque Nacional Madidi que cuenta con casi dos millones de hectáreas protegidas. Algunos expertos sostienen que el Madidi podría ser el área más biodiversa del mundo, acentuada justamente por su diferencia altitudinal que varía entre los 150 y 6000 metros sobre el nivel del mar.
Entre prólogos pre embarque desayunamos en la panadería del Francés, mítico lugar de encuentro matinal para la mixtura turística que deambula por ese portal selvático.



A dos cuadras de las facturas abordamos un curioso bote de 14 metros de eslora, y ahí nomas partimos subiendo el Beni para embocarnos en el magno remonte que nos llevaría a las alturas del Tuichi.
La navegación en sí es una historia aparte. El Puntero sentado en proa propone la traza con la vista concentrada al frente mientras tantea el fondo con la vara de nivel. En popa el motorista lee los manotazos que describen la maniobra desde la delantera, especulando con los 14 metros de tiempo para que la hélice no raye las piedras… Se recorrieron aproximadamente 100 kilómetros para subir unos 400 metros en altura de escalonados pasos, y cuando el calado no alcanza, a bajarse y empujar arrastrando la nave sobre el canto rodado mientras el torrente abate en contra…
Metiéndonos en el verde empecé a descubrir un Amazonas muy distinto al que conocí en el año 2008 del lado brasilero, a pesar de haber pescado en ambas ocasiones sobre tributarios del Madeira. Lo que sobresale en lo comparativo dentro de la misma cuenca, más allá de las características geográficas que definen recónditos escenarios, está rivalizado en la pesca o más bien con las especies sugerentes, aunque en términos generales se podría decir que coinciden bastante salvo las estrellas del arte… El fornido y ornamental Tucunaré, para las extensas llanuras de aguas lentas, con el opulento y acharolado Dorado, para los rápidos murmurantes. Cada rey en su feudo.
Metimos la subida en un día y tres cuarto de otro, haciendo noche en el último “EcoCamp” de instalación permanente que se puede encontrar sobre el Tuichi.
Cualquiera podría no sobrellevar el inacabable río, pero la dinámica en las maniobras y la seducción del paisaje, cautivante desde la esbelta escala, persuade las agujas… Este Amazonas a diferencia del brasilero, curva tras curva obliga a encuadrar un enfoque corto, de perspectivas agudas y elevado punto de fuga… En medio, fauna y flora que pasma…
Desembarcamos en el campamento base con tremenda ansiedad por mojar los primeros garfios embusteros, nos quedaban un par de horas luz para loopear unos casteos y los primeros análisis del verdadero horizonte, donde cada uno descifra la acción desde el rollo que trae encima como pinchador de peces…
Con unas observaciones básicas del guía quedé solo a mi vista y percibí un momento casi de encanto, miré mi entorno y aspiré hondo para almacenar ese trance, soplé con fuerza cambiando el aire y sacudí las manos para despojarme de toda contaminación urbanosocial, la nuez hinchada en la garganta me impide tragar la emotiva humedad que empaña la pupila, ¿cómo puede existir un lugar tan entero de vida?...
Y bueno, hay que pescar también… Órdenes son órdenes, línea de flote, mosca negra chica, casteo agudo a la margen y subirla entre los piedrones remanseros…
Esa vidriosa superficie mostró un par de brillos áureos que pispiaron la mosca, hasta que al fin se animó un Doradín a romper la intriga, arrodillado tendí la mano para alzarlo, y me bendijo en la cara con un coletazo de agua limpia y pura de las cumbres andinas. La luz se fue atenuando como dato para fin de etapa, todos tuvimos acciones comparables con balance alentador para lo que sigue…
Instalados en el campamento, ducha, cena y descanso relajante para arrancar con todas las energías renovadas a la mañana siguiente…
La noche se cubre con el rumor del agua entre las piedras a ritmos continuos de chirridos y croares. Casi entrando al estado alfa, en gradiente distancia crecían picos de estruendos acompañados de destellos instantáneos. Tormenta!!!. Estremecido tenso esperé actuar como si algo fuera a sucumbir y sin lógica de tiempo con el porte impotente colapsé en sueño.
El siringuero reactiva mis sentidos marcando su cadencia entre las melodías del alba, no queda otra que abandonar la madriguera para sondear los hechos, busqué un claro para asomarme al río que suponía crecido y sucio, para mi sorpresa todo estaba igual.

La lluvia serenó los ánimos y demoró el tiempo de arranque… Esta vez navegamos un poco mas respecto al día anterior, en mi incursión a este nuevo enclave, avisté un lugar muy interesante al que debía vadear un brazo del río para accederlo… así empezaron mis desafíos al terreno, adaptando la pisada sobre piedra bola y patinosa, con intrepidez y la confianza de Alex (ÉL GUÍA), pesqué en vadeo hasta con agua sobre la cintura aventajando la estabilidad, la joda era no perder los “fierros” y para eso los ensogué al cinturón flameando en la corriente mientras probaba los lances… francamente no fue una gran pesca que compensara el esfuerzo, pero con el solo hecho de mantenerme semi-imerso en esas aguas, fui más feliz que tapir trompeando el mango.
Casi medio día entretenido con jóvenes Dorados y enérgicas Yatoranas. Las “Yatos” son uno de los tantos Brycon neotropicales (Griego: ebrykon, brykomai = a morder, a roer), se la puede familiarizar con el Pirapitá de la cuenca Del Plata y con la Matrincha de la llanura Amazónica… Se estima que dentro del género, unas 22 especies son identificadas para los ríos Cis-Andinos. En lo que a pesca respecta, es una bestiecita mañosa, a pesar de que en ese ámbito tiene poco contacto con el Homo sapiens; casi ni se mosquea por la mosca, hay que ser meticuloso desde el diseño, casteo, acción e insistencia… pinchaste y bajá la caña, que lleve… deslumbrante por dinámica y obstinada, tuve una situación de pugnar un rato con un Doradin, y a los 10 minutos de haberlo desocupado pinché uno de estos Salmonetes bolivianos, ambos del mismo tamaño como para comparar, confieso que la Yatorana triplico el tiempo de arrime.

Almuerzo corto y remonte en bote buscando una nueva zona, en esta navegación es cuando empezamos a notar el nuevo maquillaje del río, en pocos minutos flotábamos sobre una condensada chocolatada. Bajamos las patas en la potencial zona de pesca sin ver lo que pisábamos en centímetros de agua, diez minutos de pasear moscas y colgué la vara mientras mis cumpas con optimismo insistían, le di la espalda al río para enfrentarme a la espesura con cámara en mano para cazar detalles del verdor, mañana será otro día. Volvimos más temprano a la toldería con la esperanza, según nos decían los conocedores, que así como se amarrona rápido, aclara también.

Al día siguiente la situación no había progresado, peor aún, además se había enfriado, y es lógico sabiendo que chorrea desde las alturas… Era el último día de pesca en vadeo, y para esta realidad se buscan los afluentes que según la región puedan soltar menos sedimentos, se ve que la dispersión de la tormenta fue amplia y no dejó cuenca sin atender, cada chorro bajaba aportaba su color entre pardos ocres y naranjas azafranados… De todos modos hicimos un importante esfuerzo por pescar, agudicé mi intrepidez por acceder a lugares truncos con la esperanza de mover algún distraído, experimenté con bochincheros artefactos dentro de la categoría moscañuelos, que mostraron algunos erróneos y escasos movimientos bajo el agua, más que nada amedrentados por la bulla… jornada para la memoria negativa, solo esperaba el mañana para balsear.
En condiciones hostiles, mi apasionada obsesión no da tregua a la ponderación del día a día, en especial al terminar la jornada cuando la mente se despeja y pone en peso el debe y haber. Entonces empieza el trance de cómo hacer frente a la siguiente salida… caña, líneas, moscas, y en especial que juego plantearle al agua.
En las flotadas están mis esperanzas, es donde me siento más cómodo y seguro, donde más experiencia fui acumulando, y de tantos ensayos algunas huellas de los tropiezos van quedando. Además me cautiva su expectante dinámica que esconde en cada lineada.
Ahí no hay tiempo para las dudas ni ensayos raros, mi teoría consiste en aferrarse a un equipo y apostar al todo o nada, las variables la pone el pescador con sus maniobras.
Cada noche en la silenciosa soledad de la carpa me sentaba al filo del catre y tiraba al suelo todo el mosquerío, con la linternita en la frente armaba una minuciosa selección separándolas por rango de posibilidades que pudieran tener para mojarse… Más de ciento cincuenta moscas es una barbaridad, tal vez con diez o veinte moscas hubiera alcanzado, no creo haber usado más que eso… ¿pero quién es capaz de asumir esa cantidad antes de partir a un lugar casi inhóspito?. Del desparramo levantaba una docena de moscas que para combatir la duda del día a día.
Antes de arrancar la bajada, se mandan los bultos gruesos al bote pilchero que parte para armar la primera ranchada de marcha. A mano solo queda un menaje de oficio para subir al Catarraft.

El agua otra vez sin modificar su tintura, no sé por qué esperaba cada mañana encontrarla lavada, como si la limpieza fuera acción de la noche. Esto va a ser agotador pero el optimismo se renueva por el solo hecho de variar la táctica para encontrar los peces…
Una mañana entera de zumbar líneas, y nada… Decidí salir al agua con una mosca más corpulenta a lo recomendado, 100% negra, cabeza andino original en ciervo, y cola firuletera en pluma de ñandú, cacheteando casi metro a metro la rivera… Tanto machacar, una agraciada yatorana compensó el obstinamiento. Retomo el meta y ponga, ahora con indicios de resultados, y entrándole a la cabeza de un tronco semi hundido, tuve un impetuoso sacudón, carrera al medio en profundidad pinchando el agua con la punta de la vara… pim! la línea quedó suelta… zafó la bestiecita, mosca intacta pero el anzuelo partido, Pacusazo debe haber sido, ¿cómo se habrá ubicado en la mandíbula del pez, para guillotinar un 4/0 sin uso?. Ventaja de las moscas tubo, cambio de anzuelo y al ruedo de nuevo el mismo plumerío con el creciente ánimo de que había arrancado el juego. Con esta ficción llegamos a la primera base móvil.

Quinta etapa y otra vez a los Catas con mejoras en el tono aguachento, que claro, el limo en suspensión venía desde las alturas y nosotros también, lo que hacía moroso el proceso de decantación. Decidí ahora modificar el cimbel viendo que el río daba más chances a los ojos, combinando siempre con el tortazo incitador… Desembolsé una obediente “NoNeim” acoplándole un gancho tarponero rompiendo proporciones de manuales ortodoxos, como complemento una bolita pacusera enhebrada en el cable de acero que amplíe el efecto impacto… y ya con esto, los lores del flaifiyin me destierran…
Golpe a golpe, brazo a brazo, se hace río al castear…
En pozo costero, antes de entrar al rápido, castigo de un plumazo el plano liso mientras abandono la mosca en naufragio por unos segundos, Fuuaaa!!! violenta frenada me impide repetir el cotidiano sincronismo, Tritón se quedó bancando el pinchazo dentro de su trono y nosotros bajábamos chupados por el torrente… al tironeo se largó en bajada llevando línea a la rastra, fue el momento de plantar la balsa y empezar la puja… por fin un buen sabandija, aun sin verlo no quedaban dudas que era un pacú del Tuichi, de la especie Colossoma (Griego: kolos = corto, truncado; soma = cuerpo).
Salté de la balsa chapoteando el barro, mi primer colosso tuichano era todo un evento… foto festejo, relajo de emoción y a seguir remando.
Si antes aludí a las Yatoranas como un animal potente, es porque a hasta ahora no había lidiado con Platón, de por sí más grandes lo que hace cambiar la escala del dinamómetro, pero al solo observar su facha morruda y compacta, equipado con un abanico de popa capaz de empuja hasta en el barro, sumadas las velas de pecho y vientre que le aumenta la capacidad de treta… con eso arma la combinación justa de un pez codiciado para la pesca sport desde cualquier flaiyop del mundo. Desde mi burdo linaje, disparo a estimar que estamos enfrentando a unos de los 10 de arriba en la pesca con mosca…

Este bichito contribuyó a cambiar la historia, se afirmó una esperanza que renovaba las voluntades… A minutos de embarcar después del almuerzo, suceso comparable, pozo en cabeza de corredera, mosca al golpe y caña en alto para que no se chupe la línea… pumba la bestia!!!... Caímos al chupón como domando el toro mecánico, al giro de butaca quedé mirando la traza tensa en la retaguardia mientras Alex lidiaba con el rafting, la línea se dispara a la superficie y se despega del agua un tremendo pacú casi un metro por el aire, tortazo en la turbulencia cerca del palerío que apila la margen, apreté los parpados y que pase lo que pase… y pasó!!… foto y a seguirla que esto se está poniendo bueno… Ya con sombras en ambas orillas, saliendo de un curvón cuando el agua se reposa apareció un tercer discóbolo… Jornada satisfactoria… Venía tan mal que esto envolvía los padeceres del arranque. Desembarco al tiendaje pensando en el último descenso que venía en ascenso.


Arrancamos el día final con esa alegre tristeza de haber cultivado el apego a la buena gente, las relaciones que superan la pesca y la intimidad asumida con extraños que en días pasan a ser cómplices en una parte de tu vida. Son trances difíciles de olvidar.
Y bueno, hay que pescar… A medida que bajábamos el río se va flanqueando de márgenes empinadas y cascotones desbarrancados, impresionante atravesar esos espacios de inmenso misterio, magnificados por la tenue luz que empareja los colores y apaga los rumores… hasta da un poco de miedito las reverberancias emitidas por un ave solitaria, y las oscuras profundidades que puedan hospedar algún Tuichito.
En estos enclaves tuve la bendición de tener un par de peces en pugna, el primero, apenas entramos al manso, con un par de lances pudimos estimular la actividad predatoria, pero algo debemos haber hecho mal para no acertar el pique. La balsa sigue y el lugar queda, hacia atrás metí una mosca con lo máximo de mi alcance, soltando línea en la retirada pude mantenerla remoloneando mientras buscaba hondura, como desde el abismo sentí un tremendo arrebato de línea, Alex trató de mantener la balsa a remo y el redondo ricotero se nos vino encima con mucha línea inmersa, tin! fuiste… el gordo cortó sin forcejeos, como si hubiera frotado un canto de fosa.
Casi calco al anterior, agravado por que esta vez vimos las colas al aire y eso te lleva a la impericia por la excitación que genera… mamita, que obscenidad!!!… pude acertar un tiro de pique que no falló… linda bichaza, vamos a jugar que era nena… caímos sobre una margen donde pude saltar hasta un piedrón, ya casi a mano y en apariencia amansada, de panza al suelo Alex quiso asirla de la cola estirando sus brazos al máximo, pero la bestiecita tenía reservadas unas fibras de potencia y un tamaño peduncular difícil de calzar, cabezazo y a seguir mostrando impúdicas colas… Son cosas que pasan al trabajar con Sansón, tienen con qué zafar y por eso se cotizan tanto… Anécdota para la historia, según las tradiciones, pez tocado, pez contado.

En medio del pacuserío se mostraron algunas yatoranas y dorados, no tan grandes y recios como tal vez hubiéramos esperado, y curiosamente apostados en microambientes donde según las especulaciones piscatorias no eran las preferentes, tal vez confiamos demasiado en los papeles para rastrear estos predadores. Optamos por mantener la acción del Pacú que venía dando recompensas y además es demandante de atención, más aun si balanceamos que estos bichos no son tentables en cualquier otro ámbito pescable como puede pasar con el fiero Salminus. (Podría derivar del latín, salmo-onis = diminutivo de salmón).
A poco de llegar a la meta final, tuve la suerte de chapotear otro ratito entre las piedras con un buen Pacú, está vez claramente visto y ejecutado el procedimiento para alcanzarlo, particularmente con el agua clara como nos hubiera gustado que estuviera siempre. Así es la naturaleza y debemos saber entender que estos riesgos existen, sin embargo el plazo de la expedición tiene sus periodos de chances que te pueden hacer colmar las expectativas…
Arribamos al campamento estable, desarmamos equipos, y nos dimos un buen baño relajante, cena y conversación de sobremesa con la gente del EcoCamp, originarios de la comunidad indígena de San José de Uchupiamonas.
A la mañana siguiente bajamos en el bote grande hasta Rurrenabaque, vuelo a La Paz, noche y retorno cada uno a su casita…

El Beni es un destino que quien disfruta de la pesca de excelencia y se regocija mas allá de la caña, no puede privarse de verlo mientras tenga los pies en la tierra. Tal vez para muchos signifique un esfuerzo importante, pero vale la pena intentarlo.

domingo, 29 de abril de 2012

Pesca con mosca. ¡¡¡A la pelotita!!!

Como objetivo de pesca y dentro de mis posibilidades, me propuse no dejar de honrar al menos una vez al año el norte correntino… y así ya lo he hecho por tres veranos consecutivos, descubriendo y aprendiendo algo nuevo sobre los peces y sus hábitats, hábitos y habilidades…
El primer año, primer experiencia, no fue más que una azarosa aventura, arrastrando las técnicas de mi región, los equipos y las moscas… cosas que se deben asumir para, a partir de ahí, empezar a razonar el resto… Lo repito infinitamente, no hay manera de aprender más acertada que la de tener experiencias propias rescatando hasta los supuestos fracasos.
Al año siguiente apareció en mi caja de moscas, la intrigante “pelotita”, con el plan de plagiar a un fruto que cae del árbol… Esta curiosa formula es totalmente aplicable a la pesca con mosca y no al “flycast”, siendo que el lanzamiento es casi un “no cast”, dentro de lo que se acostumbra a enseñar como cast en los estándares doctrinarios. Obviamente, para nada estético según se define lo estético en el selectivo mundillo del “flyfisherman”.

Ni hablar de lo que es el objeto “mosca”, la pelotita de plástico… a la que para tratar de justificar su uso, se la evangeliza virando el nombres al dialecto anglosajón. O como también se la calla agregándole cuatro vueltas de hilo para sostener una plumita, embaucando así a la tradición.
Esta antimosca, insultante para muchos, no persigue más que la intención de imitar el alimento de nuestros peces omnívoros, digamos que encaja dentro de la premisa básica del “fly”, y aunque así no lo fuera, realmente importa poco… después, el hecho de su factura, la materialidad, etc. etc., es astilla bajo la uña de los románticos clasicistas…. Argentinos, a ponerse la camiseta.

Ese año, gracias a la “pelotita”, por primera vez pude manosear bogas y pacúes con una intención de pesca no casual, dos especies de reconocida deportividad en el ambiente de los pescadores, y lo que significa tenerlos a punta de línea con un equipo de pesca con mosca, es una verdadera experiencia que recomiendo buscar como meta… A pesar de esto, paradójicamente, mosqueros mesopotámicos de larga data que no es lo mismo a larga trayectoria, adoptan posiciones obtusas ancladas en tradiciones del hemisferio norte… Me cuesta imaginar que la pesca con mosca de especies autóctonas, haya pretendido dar comienzos unos 30 años atrás a su búsqueda sistemática como algo verdaderamente revolucionario, y más me cuesta imaginar que los orígenes se podrían justificar desde la ciudad de Rosario, mientras en la actualidad existan mosqueros del mismo origen tiempo/lugar, donde no hayan podido evolucionar en estos aspectos. Algo así como cuando en las tradiciones extremas del “England-fly”, herejizaban a los indisciplinados norteamericanos que pescaban truchas con streamers.

Vuelvo a lo importante…
Ensayando el plop-cloc de la pelotita cuando pega en el agua, se pueden dar tres variedades básicas de peces, o cuatro si se lo prefiere, bogas, pacúes y separando las dos especies de salmones, que también con atención se distinguen algunas diferencias en el hábitat, y cada una con sus atributos…

En este juego el entrenamiento va haciendo distinguible la forma de “picar”, adivinando que pez tiene la mosca en la boca… esto es parte de la innegable curiosidad del pescador por descubrir quien tironea desde abajo. Más aun en ambientes donde no se pesca a pez visto, o la profundidad, la transparencia del agua, olitas de superficie, luz del día, y sobre todo la variedad de especies; hacen que se mantenga ese misterio hasta ver algún indicio de forma, color y talla, que dé pistas para saber lo que venimos subiendo…
Por ejemplo el pacú se autodelata en la tomada, generalmente se da cuando la pelotita ya evadió en profundidad la franja de los salmones o las bogas, y también se lo puede prever según el minihabitat que el tiempo irá enseñando a distinguir.… Pero lo más notable se percibe cuando el lechoncito de río siente una limitación a su libre natación, en ese momento tiende a buscar refugio en las profundidades y eso por suerte aventaja al pescador, porque si este animal decidiera enramarse no hay forma de meterle rigor para evitarlo. Lo cierto es que al buscar fondo lo hace para el centro del cauce a rienda suelta, como sin permiso pasa por abajo del bote y es cuando hay que dejarlo que lleve línea, que se acomode en su terreno y consiga cierta confianza para ordenar el pleito, ahora nos toca laburar empezando a guapearlo con paciencia desde arriba, serán varios sube y baja para domar al chanchito, y cada vez que el fondo del casco le alcahueteé peligro, puntea con firmeza a lo profundo… Lleva su tiempo, dicen, este pez se cansa menos porque no salta,  no “toma aire”… Lo veo ahora como a UPA (Hermano de Patoruzú), tiene cara de gordito bueno pero bien fortachón.


La boga es otra cosa, medio que se confunde con los salmoncitos en los primeros tirones, además comparten espacios y profundidades… lo real es que cuando pescamos a pelotita, quien cobra prioridad es el pacú y casi como que la boguita molesta, pobrecita… Aun no le empezamos a impulsar sus bondades, aunque tiene sus virtudes a no despreciar en su pesca casual… velocísima en el plano horizontal del espacio líquido, ahí muestra sabiduría y casi seguro raja al palo. Sobrecalibrado el equipo para bancarse otra pesca, tolera un prepeo severo y no se disfruta como lo merece… aun nunca me dedique a buscarla exclusivamente con equipos adecuados, estos viajes compactos proponen tantas alternativas que obligan a definir metas, ya le llegará su tiempo, lo que si pude detectar que el color amarillo fue más rendidor para la niña bonita del Paraná.
El pirapitá es casi como la especie impulsora de la pelotita, si bien se lo pesca también con imitaciones de pececitos o insectos, con la pelotita se transforma en el pez que asegura  la jornada. Tiene sus habilidades y lo atractivo es que puede dar sorpresas en las tallas, aunque los grandes, es más probable burlarlos con engaños de pelos y en otros ambientes distintos al que peloteamos, pero esto lo dejo para otra nota…
Por favor argentinos… nuevamente apelo a los trapos, sepamos dar valor a nuestros peces y ambientes… tienen identidad propia y son de verdadera buena escama como para ser comparados con bichos salobreños. No necesitan de similitudes para promovenderlos.



Agradezco la participación y colaboración de Carlos Ingrassia, Marcelo Callegaris y Pablo Grassi.

domingo, 15 de abril de 2012

Picaflor Motivador

Adaptación más o menos juguetona de: “La Parábola del Colibrí”

Incendio en los esteros, largas discusiones entre los animales para extinguir el fuego, deciden agruparse para buscar una solución y que cada especie desde sus valores lleve una propuesta.


Se vararon los yacarés en el camalotal para elegir su representante con la voz de su comunidad, una camada de carpinchos se juntó en el carrizal para designar al más locuaz; así las curiyúes, las garzas, los biguaes; hasta los coipos y las tortugas subieron las propuestas de los Surubíes, las mojarras y cangrejos… y cada habitante del humedal preparó su expresión para la gran reunión que definieron hacer en Monte Timbó.…

La sombra no opacaba el sordo debate alborotado, cada “bicho” trataba de distinguirse sobre el otro en sus tonos más sobresalientes, mientras, un inquieto picaflor iba y venía en la misma dirección entre las cabezas de los convocados, ajeno al embrollo, una y otra vez sin dejar de flamear las plumas un instante.

El orejudo Aguará se ponía cada vez más nervioso y empezó a distraerse con el pajarito… le molestaba mas el zumbido que el olor a humo… El canido de lomo encrespado midió tiempo y distancia… Sentado sobre las ancas, mostrando un colmillo a guiño de ojo le calculó un manotazo…. le erró, pero en la maniobra el ave firuleteó hasta el suelo levantando polvo en el centro de la rueda…. Patitas para arriba, de alas tendidas y plumaje desalineado, escupió la última gotita de agua que traía en el pico… Enmudeció la gresca por el minúsculo golpazo…

La curiosa Cardenilla a saltitos se le arrima y estirando el cogote le pregunta.

-         ¿En que andás picaflor??? Nos tenés a todos locos con tu ir y venir, mientras estamos debatiendo seriamente para ver como apagamos el fuego…

El mainumbí gira sobre su hombro derecho y se apoya en las dos remeras para alzarse, con cara de malo clava las cejas en V sobre el pico y de voz carrasposa finita le dice…

-         Estoy llevando agua para apagar el fuego…

En el silencio del asombro hizo que unos a otros se miraran seriamente con muescas entre sorpresa y burla, al hurón se le escapa una risita que contagió a la muchedumbre, y la carcajada estalla incontenible unificando el vocerío… 3, 4, 5 minutos de risotadas y el colibrí firme como urutaú en palo seco. Atenuándose el jolgorio y ya con cierto pasmo de respeto a la tozudez del pajarito, desde atrás avanza el aguará zanqueando la iguana y el lobito…

Hocico y morro en contacto, taloneando el piquilargo se equilibra cola en tierra. Medio visco para el enfoque, y con aliento hediendo, el lobizón sin despegar los dientes balbucea…
   -     Decime Piquín, ¿vos crees que con esa pipeta de agua vas a apagar el fuego?…

Las plumas verdes del pinchapimpollo se tornaron violetas y se le paró un penacho rojo cardenal, pero sabiendo que el problema aun era problema, se contuvo de anudarle los bigotes bajo la barbilla… Abriendo medio pico de un solo lado le dice al patas largas…

      -   Mirá, botita de milico!!! Sé que solo no puedo apagar el fuego, pero estoy haciendo lo que puedo.

Texto e ilustración F.B.


La Parábola del Colibrí - Betinho
El bosque está en llamas y mientras todos los animales huyen para salvar su pellejo, un colibrí recoge una y otra vez agua para verterla sobre el fuego.
¿Es que acaso crees que con ese pico tan pequeño vas a apagar el incendio? - le pregunta el león.
Yo se que no puedo solo - responde el pajarito - Pero estoy haciendo mi parte.


viernes, 16 de marzo de 2012

Pesca con Mosca – Cuento Islero

Publicado en la revista Eco Ciencia & Naturaleza Nº30
Texto: Fabio Baena


La nochecita del viernes es un momento sagrado donde empiezan los preparativos ceremoniosos para la práctica del culto. El yugo no da alternativas, sábado religión.
_ ¿palos o adentro?
_ pinta fulero, adentro
_ a las 5 paso
_ ok
Mensajes de texto como claves definen las pautas, los pormenores están asumidos en la costumbre de repetir el ejercicio pesca. El clima por Internet, parejito. Cada sitio marca agua por la tarde. A pesar de los riesgos, es una variable que da señales para hacer la diferencia.

Nafta y bizcochos tibios, provisión de paso a la guardería náutica, tipo seis de la mañana ya estaban el “ Saba” junto al “ Suru” cortando el espejo acaramelado típico del amanecer estival, a estribor un sol indirecto pinta nubes por detrás del ritmo peinado que aún ilumina el puente.

Mate calentito para pasar el frescor de la navegación, con el motor a marcha pareja en hora y media entraron a la zona planeada… Bastante lejos.
De arranque nomás le hicieron unos tiros a la boca del “Mortadela” que siempre paga. Eso de andar los ríos obliga a mapear la isla bautizando espontáneamente cada sitio como referencia, ese apropio de lugar es parte del código intimo que juega a guardar secretos entre pescadores, y sin dudas que el mismo arroyo se llamará de muchas maneras según pasan las épocas y las gentes…
Y a así nació el Mortadela… En uno de esos días ingratos, cuando ya esta dupla había agotado todas las teorías y quemados los manuales, sin lograr mover ni un cangrejo. De regreso a la urbe, al Suru se le ocurrió tantear una boquita insulsa, anclaron con poca fe y el Saba le dice…
_ Suru, no vale la pena. ¿No ves que el agua no corre? Está mortadela…
Y no va que al primer casteo clava un zapallo cabezón que sorprendió el desprecio de su compadre. Es obvio que abajo pasa algo difícil de entender en superficie.
Lectura de aguas se dice, y es un lenguaje que sólo se aprende bañando plumas. Ese día, como yerra al anca se grabó el nombre del lugar.

Después de embutirle unos tiritos al paladar del Mortadela, siguieron mandándose más adentro pescando cada entrada de agua, excelente jornada, no sé qué pasaba pero era uno de esos días que al Saba se le daban todas…
Cuando al Suru le va mal, se emperra para al menos empardar… ¡¡¡ más pior !!!… pisa la línea, se le enreda en la puntera, cuelga la mosca en los árboles, las cambia veinte veces… al punto tal que el río parece notarlo y menos lo gratifica… Ahhh, pero cuando mete un par de lomudos, casi siempre los más grandes, quién lo para… Le cambia la cara, se habla todo, hace deducciones, da consejos, hasta silba mientras castea y se toma sus tiempos como dando changüí… Uhhhh, pero si hay algo que pone loco al Saba, es cuando prende un pescado y se le escapa un tímido sapucai de voz finita…
_ Iiiipuuu!!!… como si se lo refregara en la geta!!! Se muerde la lengua para no mandarlo a la “punta del palerio”…
_ Jé, lindo bichito!!!  Le dice con los labios para adentro disimulando la bronca…
El entusiasmo los fue llevando a pescar sin noción de tiempo y distancia, cada vez más adentro siguiendo el pique furioso…
Dos o tres escamaditas en cada boca y a moverse que en la próxima seguro venia el grande… Lujo de pesca y no hay que dejarla pasar.
Habían arrancado con nubecitas, esas que el sol venia coloreando, sabían que el pronóstico del tiempo no era bueno y el pique sostenido no era casual, los animales se ponen como locos en la previa, y el hombre, como parte del ecosistema, atrás de ellos.
Se vino nomás después de la siesta, los pesados nubarrones engordaron de azul negruzco aplastándose sobre el aire caliente, como armando capas entre tajos blancos que parecían separar lo polos…

Soplando el norte mantenía a raya la tormenta, mientras seguían revoleando pelos al viento… Pero cada vez con más frecuencia rotando el cuello como tanteando la distancia del temporal… Ya estaban en el baile y no tenían manera de esquivar la gresca, volver los obligaba a clavarse en la maroma…
Un hondo silencio inerte plantó en seco la brisa húmeda y caliente, el aire quedó vacío de vida como si se hubiera trabado el segundero por un instante.
Sin acomodar los petates levaron ancla y buscaron reparo en una ristra de alisos alineados que marcaba una margen firme. Que moje de arriba no es grave, sólo hay que bancarse la soplada. Para amortiguar los embates se incrustaron en un carrizal con proa a la tormenta y sin amarras.
Entró una racha fresca que reconforta al cuero pegajoso, a poco se tornó incomodo y se acurrucaron bajo la borda elongando el cuello para curiosear mientras las gotas pegan y pican donde la ropa no cubre la piel. Duró un rato nomás el aguacero aunque el viento se mantuvo firme bastante tiempo. Agua y Ajo, aguantarse y a joderse… Lo bravo ya pasó pero el río grande se puebla de corderitos inquietos que juegan a ser diablitos del navegante. De cruzarlo ni hablar, estaban jugados con el combustible y a río picado el consumo sube…
Sin dudarlo deciden buscar reparo, no había alternativa a la de hacer noche en la isla. A poco navegar salen de la curva y ya tenían alcance de vista a una arboleda que arma la ranchada.
Bajaron la marcha al acercarse y ese cambio de sonido alerta al islero que se asoma desde el rancho. Un hombre petisón de rasgos erosionados por el clima y el duro trabajo, confiado levanta la mano cediendo su noble amistad.
Arrimando la proa a filo de tierra, el Suru garabatea un salto que le alcanza para surfear el barro, hasta abrazar el sauce. Estira la derecha y se presenta.

_ Buenas tardes buen hombre, Suruberto Pinto mi nombre…
_ Irupelio Flores pa´ lo que guste mandar!!!... Largue la soga amigo… y su gracia??!!...
_ Si, si… Sabalorio Barroso y acá molestando!!!.. Usted sabe, se puso bravo el Paraná…
_ Mi amigo, no diga más nada, en la desgracia no se le niega nada a nadie… -dijo Irupelio…
Con la lancha amarrada pudieron ordenar los bártulos y vestirse con ropa seca, que como buenos conocedores del río, siempre llevan un bolsito estanco con trapos y algunas provisiones no perecederas.
El llano del humedal demora en apagar el día, estas últimas luces colorean la brisa fresca y el grito lejano de un chajá corta la armonía. Mientras, Don Irupelio va echando leña para mantener la llama bajo el caldero panzón que chista bravo cuando suelta cada rodaja de manduví…
Y así, bajo la luz tranquila del candil colgado en la cumbrera, se acomodaron los tres para saborear la fritanga, acompañados por un tinto picoso de damajuana sin etiqueta que ayuda a soltar la lengua.
_ Dígame Sabalorio.. Dice Irupelio. Les he visto esos aparejos raros sobre el bote, y también los he visto en otra oportunidad como que revolean una piola… ¿cómo es esa pesca que ustedes hacen?
_ Há!! Sonríe Sabalorio. Se le llama pesca con mosca, y en cierta forma tiene que ver con ese bichito… Resulta que algunos peces comen insectos, y estos son difíciles de poner como carnada, entonces se los imita en forma artificial… Pero nosotros, acá, en nuestro Paraná, tratamos de imitar mojarras, sabalitos y otros peces que se comen los cazadores como el dorado o el machete, por ejemplo… Y uno mismo trata de inventar esos pescaditos con plumas y pelos de otros animales…
_Que raro… ¿Y funciona eso? – Frunciendo el seño murmura Irupelio.
_ Según las condiciones del río, la época, y otras yerbas, sí… Pero sobre todo es muy entretenido y nos obliga a estudiar bastante los peces para entenderlos y encontrarlos… - Responde Sabalorio y amplia como previendo otro embate.
_ Nosotros sólo pescamos por entretenimiento, mientras lo hacemos no pensamos en el pez si sirve para comer. Todos van al agua de nuevo. - Y remata entre risitas como haciéndole una broma…
_ Je, je… Si no le sacamos trabajo a usted…
_ No mi amigo, no se equivoque, hace rato que no me dedico a los pescados… a veces y con anzuelo nomás para mí. – Dice Irupelio y continúa…
_ Está difícil la cosa, mucho trabajo y poca recompensa… Además me han pasado cosas fuleras… Ahora recibo unos pesos de cuidar ganado y tengo cajones con abejas.
_ Pero!!… - Se engancha Suruberto… _¿Usted ha pescado mucho por acá???
_ Si, si… y he visto cosas raras… - Le retruca Irupelio…
Los amigos se quedan como esperando que siga la historia y el islero como que entendió el espacio. Respira hondo a boca cerrada y se echa para atrás en la silla, una mano en la cintura y la otra sobre la mesa sosteniendo el vaso…
_ Mire mi amigo, hace rato que ando el río pero nunca vi algo igual, y en realidad no sé si contarlo… - Dice Irupelio…
_ No se achique que ahora nos deja con la espina y no hay pan - Lo apura Suruberto.
_ Esto en confianza y que no salga de la isla, por que después no quiero que la gente me ande tratando de mentiroso… - Se cubre Irupelio…
_ Largue entonces Don Irupelio… - Mientras le llena el vaso Sabalorio…
_ Y, bué!... - Arranca Irupelio…
_Hubo un día muy caluroso, muy parecido al de ayer, igualito diría, con tormenta sobre la tarde. La macana que tenia calado un tres tela en la boca de una lagunita acá cerca nomás… La Sirenelia se llamaba, nombre raro, nunca supe de donde había salido… y se secó después de la primera bajante que vino cuando vi eso, nunca más le entró agua…
El asunto es que no podía dejar la red sin revisar, porque si había quedado algo, seguro lo agarraban las Palometas y no sólo arruinaban el pescado, sino que también cortaban los hilos…
A remo y botador llegué a la bolla grande que me costó encontrar… ya sin luz desde esa punta empecé a recorrer la red despacio, raro, los corchos del medio estaban hundidos, el resto flojo y desalineado…
Seguro se cortó de la otra punta, dije… se debe haber enganchado algún raigón.
Levanto los primeros metros y siento un cimbronazo, ahá!!!... -me dije… _hay pescao!!!.. Me suena a algo grande o un cardumen que tira parejo, raro… pero ha de ser fuerte para el revuelo que parecía haber habido…
Varios metros más, sacudones y nada… Cardumen no era, ya hubiera aparecido algún bicho… Un pintao grande o Manguruyú, debe ser…
Me sigo arrimando subiendo malla a la canoa mientras una nube va dejando iluminar a la luna, que mejor que creciente…
Borbollones lentos… pescadazo, me dije… una aleta rara salía del agua, dos… son dos pescados iguales… voy despacio para no ponerlos más nerviosos… se notaba qua estaban cansados por haber tratado de zafar… un resoplido salpicó hacia arriba… ahí me julepié todo… Di un paso atrás y se me bandeó la canoa… _Tranquilo Iru, -me dije a mi mismo…
_¿¿Qué es eso???... -Preparé el bichero por las dudas y se asoma una mano con aletas como pata de Biguá. Así como ahogado pidiendo ayuda. Ahí nomás largué el gancho y manotié la cuchilla… Roló el cuerpo enmallado sobre sí mismo y se asomó una cabeza con ojos de sapo y aleta como cresta… boqueaba con sonido de lamento que me hizo temblar las patas…
Me le arrimé como para puntearlo con la faca, pero algo me pasó por el alma que me parecía estar haciendo algún daño… di vuelta el filo y corté varios hilos que ceñían el cuero del bicharraco… perdí la malla y me quedó la sensación de haber hecho algún bien… A partir de eso, nunca más pesque con redes, pero eso sí, algo raro ha pasado en mi vida… en varias ocasiones he tenido problemas en el agua que como milagros se me han resuelto… Creencia pura…
_ Como cuando me paso lo del Yaguarón…- Seguía Irupelio con otras historias y leyendas de apariciones y pesares… Se nota que este hombre ve poca gente, por que cuando engancha una oreja, la gasta…
Suruberto fue el primero que cayó a los cabezazos, y a Sabalorio se le aflojaron las bisagras de los parpados que los estiraba con las cejas. Aunque fue más respetuoso y sincero pidiendo paso para ir a dormir un rato.
Las primeras luces y los pájaros marcan el alba de un cielo que arranca despejado, un motor cansino a lo lejos enseña el trabajo cotidiano.
Afuera, Irupelio fritando tortas mientras Suruberto prepara el mate. Sabalorio se asoma del rancho a los bostezos, un latido continuo en la frente le hace acordar de la damajuana… y las historias se borraron de su mente.
La bruma sobre el agua abre el camino de regreso y el islero monta el zaino para cumplir su rutina de pasar lista al ganado.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Del dulce Paraná al salado Caribe

Publicado en la revista ECO Ciencia & Naturaleza Nº28 - 2011
por Fabio Baena

_ Fabio, ves los Sabalitos rolando al frente?…
_ No Reinier, no los veo…
_ Lanza, lanza adelante, lanza!!!
_ Pero no los veo…
_ Lanza igual…. suelta la mosca, suéltala ahora!!!... oh no… se asustaron.
Pescar en el Caribe para mucha gente supone un mar abierto de profundos azules y peces de picos afilados que atraviesan el agua hasta pinchar el cielo, como esas imágenes que Hemingway supo mostrar en sus relatos. Sin embargo existen otras alternativas de pesca planteadas en ambientes donde hacer pie no es tan difícil.
Más de un año atrás surgió la propuesta de viajar a Cuba para buscar una nueva experiencia en pesca con mosca, y es curioso como se fueron afectando los ánimos mientras lo cotidiano convive con la ilusión de mojar las moscas en agua salada. La ansiedad de estar en el lugar demora los días, después pasan cosas como despertar a media noche y asomarme al borde de la cama para ver lomos grises de peces que merodean la habitación, pero al final, un tembleque sacude los hombros aguantando el peso que uno mismo se carga, imaginando volver con la memoria de la cámara llena de paisajes, y eso no es lo que fuimos a buscar. Nadie tiene la pesca asegurada en ninguna parte del mundo.
Ahí es cuando creo que la dimensión de un pez atrapado no se calcula en kilos, para mi es el producto entre la feliz ilusión de pescarlo y el ego que se disfruta al contar una y otra vez la historia. Con estos parámetros cada pescador le dará distinta medida a su pez y justifica ese dicho popular que los presume de mentirosos.
El destino final en Cuba fue la Isla de la Juventud, llamada así a partir de 1978 en homenaje a la recuperación que impulsaron los jóvenes después del desbastador huracán Alma, formando parte del archipiélago de los Canarreos se inscribe en la literatura universal recreando historias de piratas y tesoros ocultos.
Estos ambientes de pesca son muy solicitados por la comunidad de pescadores de todo el mundo, por eso existen cupos que limitan la explotación del recurso natural con un fin turístico. Estas limitaciones son impuestas por las autoridades cubanas protegiendo los archipiélagos desde que fueron declarados como Parques Naturales Marinos.

Ver o no Ver, esa es la cuestión.
Desde Nueva Gerona, ciudad principal de la Isla, cada mañana partíamos hacia la Marina donde nos esperaba un bote pequeño que oficia de único sustento durante todo el día. Con éste zarpábamos a diferentes destinos en un radio mayor a la hora de navegación. Ese andar constante toma un ritmo sincrónico y ondulante que copia del mar, mientras el sonido del motor invade el ambiente incomodando la charla; bajo esta situación el alma se contrae en si misma y la mente carga imágenes soñadas, repasa las teorías y reza por una oportunidad de encuentro. Navegando la mirada se traba recta en un horizonte liso inalcanzable, algunas siluetas de tierra minuto a minuto definen su forma y de pronto nos encontrarnos casi haciendo tope con un tupido verde manglar, mientras se va buscando el emboque de un canal que atraviesa zigzagueante el cayo. Y así sobre el plano horizontal que nos sostiene vamos rayando de blanco esos colores impintables que arman los paisajes marinos. No hay palabras que los describa ni fotografías que los muestren, no queda otra alternativa que vivirlos para guardarse las sensaciones en cada casillerito de nuestros sentimientos.
Hablar de pesca acá suena extraño. Si nos imaginamos con una caña en la mano y el objetivo es atrapar un pez, tal vez de eso se trate, pero cuesta definirlo solo por un medio y un fin. Supongo una situación similar a una cacería sin muerte, rastrear el animal, encontrarlo y tratar de atraparlo para solo tocarlo por un instante y dejarlo ir.
Lo difícil es cazar entre dos medios como el aire y el agua, yo de un lado y él del otro. La transparencia del agua no tiene límites, pero apenas una suave brisa moldea la superficie de tal forma que abajo parece todo moverse. Las nubes también son cómplices de los peces, y los que pudieran estar a nuestro alcance se entonan sobre apagados contrastes. Lo importante es aprender a distinguir lo que se ve y eso se educa con el día a día, sobre todo por que los peces en su evolución se formaron para no ser vistos por presas y predadores, y lo que vengo a buscar con este juego es de ponerlos justo en el medio, llevarlos a ser predadores y que terminen siendo presas.
Aun hoy creo que no encontré el método para detectar los peces: punto fijo y espera, paneo lento, distancia, color y forma, brillos y sombras, etc… Se depende exclusivamente del guía que hace el primer avistaje y orienta al pescador, esta situación es clave poniendo total confianza en él y asumir que esta pesca se hace en equipo con mérito repartido.
Experiencia y Oportunidad
Fueron tres días de puro amague, la mitad del viaje consumido en intención de pesca y un temor que sube vibrando al pecho empieza a cambiar los ánimos, al borde de caer en la decepción dudando si la inversión fue acertada.
No sé si el tiempo suma o resta, si miro lo que pasó, es experiencia, si miro lo que falta, es oportunidad… En estos dos ejes tengo que enfocar la fe para no resignar esas expectativas del comienzo. Hasta acá la experiencia no es mas que la acumulación de oportunidades y de cada una se aprende, entonces la clave para conseguir atrapar un pez es estar preparado en todos los sentidos para aprovechar al máximo cada ocasión que se presente.
Después de almorzar bajo la sombra de unos arqueados cocoteros, Reinier, nuestro guía, nos plantea que es buen horario para Palanquear el Arrecife. Palanquear es el término que usan los guías para impulsar el bote con una vara mayor a los seis metros de largo, desde una plataforma elevada en popa, que además les brinda un ángulo mas adecuado para atravesar la superficie del agua con la vista. De esta forma se rastrean los peces entre fondos irregulares y colores variados…
De pronto Reinier me dice:
_ Fabio, mira, una mancha a las dos, quince metros.… La “mancha” es un cardúmen, en este caso de cinco o seis peces; “a las dos” indica una posición respecto al bote, este se transforma en un reloj apoyado en el agua donde la proa da las doce.…
_ ¿Los viste?...
_ No.
_ Apunta con tu caña donde crees que están… bien, un poco mas a tu derecha…
_ Ahí, ahí, ya los veo… se alejan en el mismo sentido nuestro.
_ Ahora busca el momento.
Reinier solo se dedica a perseguir los peces y mantener la distancia, el resto depende de mí.
El problema es poner la mosca frente a los Tarpones sin que la línea les caiga encima, o peor aun, que la mosca golpee sobre ellos y los asuste, como en el dialogo inicial… No hay mucho tiempo para pensar, se alejan mas rápido que la velocidad de palanqueo. Así son las oportunidades y casi únicas a ese momento…
Ser zurdo me dio ventajas y logré hacer un lanzamiento único para que la mosca caiga a metro de distancia, un tanto adelante del costado izquierdo que mostraban los peces, el golpe sutil que dio en el agua mi pececito simulado, llamó la atención a uno de los Tarpones que rompió la formación en su búsqueda, apenas lo moví con un par de tirones, el pez aceleró su natación para atraparlo. No se quien de los dos abrió la boca mas grande, inconcientemente con mis gestos me adelantaba a sus movimientos como si pudiera influenciarlo en algo…
Son pocas las veces que un pescador puede presenciar esta acción, y realmente se debe tener un temple especial para no quedarse inmóvil en el momento justo…
Conforme con su presa el pez busca retornar a su formación con total calma, si me apuro probablemente me quede sin hacer contacto, con un firme tirón le doy a entender que algo distinto metió en su boca, acelera y lo freno… bueno, intento frenarlo, ahora nervioso y enojado, “corre y vuela”… lleva línea, frena, recupero línea, lleva otra vez y vuela… así un rato cada uno tira y afloja cansándonos. Poco a poco nos vamos acercando y queda al alcance de la mano de Reinier, con un hábil movimiento lo iza hasta dejarlo en mis brazos acunados, imagen del recuerdo y al agua otra vez acariciándole el lomo mientras se va buscando su grupo…
Miradas cómplices y golpe en alto de manos abiertas sueldan un vínculo de oficio. Una presión en la garganta empuja la lágrima, y esa hombría, ahora de mar, con vergüenza obliga a esconder la emoción simulando un gesto de recio pescador, queriendo demostrar que solo fue uno más. Pero en el corazón queda una marca eterna que acompaña una muesca de sonrisa en el sueño mas profundo.
_ Fabio!!!... Son las seis, despertate que llegás tarde!!!

Ver Video Pesca en Cuba 2010




Para un pescador apasionado haber llegado a pescar en Cuba, así de literal la cosa, es como el sueño de un pibe.
En una de esas visitas domingueras en casa de mi padre, con mis hijas revisábamos una caja donde mi madre guardaba algunos recuerdos míos y de mis hermanos. Ahí encontramos esta carta que escribí a mi papá mientras estaba de viaje. Mas allá del papel viejito que le da ese toque sentimental, recurro al amor de mi mamá por haberme dejado este resumen de historia.
Esa fantasía de imaginar un atún en el arroyo Ramallo cobra vida ahora que casi huelo la sal, y se funde en las tardes de verano después de la siesta, cuando las sombras de los árboles alcanzaban la otra costa del arroyo, los pájaros buscaban acomodarse para pasar la noche, y la calma delataba cada movimiento sobre del agua; mientras mi abuelo, a tiro de mano, me daba la libertad de pararme sólo frente a la orilla.
Es curioso pensar que esa carta fue escrita casi 40 años atrás, donde descubro tal cual hoy la vida me fue formando, por un lado croquizando un viso de diseño arquitectónico; sin embargo como pescador, ya un tanto novelero, animándome a escribir historias de pesca.


San Nicolas
3 de lo 8 72
Papá el abuelo me tejio otro mediomundo el otro dia pesque una boga y un moncholo de un metro un día pesquando y pesque como un millon de mojara y ese mismo tiepo salta un atun de veinte metros y el abuelo tiro la volla grandota y le piquaron y el abuelo no recojio y después recojio y se quedo sin quarnada.
Y mamá saco las pajas y pinto la pared color rosa clarito y las sillas las forro color marron con flores